En esta larga vigilia sin sueños, a veces asesino sin remedio, y muchas otras muero al impacto de las balas invisibles que esta guerra encubierta dispara. Cuánto dolor gratuito por pedazos ilusorios de conquista, demasiadas velas apagadas de los gritos solitarios que amagan de mi búsqueda frenética, tu nombre, extraño compañero, con sus nombres en los labios hasta la saciedad, trastabillo, tropiezo y caigo entre multitudes de tumbas abiertas. Tumbas y más tumbas abiertas sin nombre a mis pies, miles de heridas laceran mi alma ante tanta traición, de esa élite con obsesión por un poder mayor, deliran; y recibimos terror por doquier, es tanto el pánico, nos bombardean, que nos entregamos callados y sometidos para un mejor control. Comprendo y sucumbo, agonizo lento y sin fe, espero el consuelo sabiendo que no hay tregua. Salgo de mis fronteras hasta los confines de la tierra, con el baile de cifras colgando a mi espalda, me arrastro a causa del peso por veredas polvorientas, buscan...
Qué real cuando una pregunta te sorprende en la noche y te desvela. Muy buena. Muchas gracias por traerla, compañero. Un abrazo.
ResponderEliminarMe ha gustado este poema, desvelos nocturnos, horas para escribir y noches en vela.
ResponderEliminarUn saludo cordial.
Atentamente tuyo Benjamín
Cesar buen trabajo, gracias por compartirlo. Un abrazo
ResponderEliminar